Eduardo Chillida se encontró por primera vez con la tierra como material en los años 40, cuando visitaba como aprendiz el taller de un escultor en Madrid. En esa ocasión fue a través de la arcilla, experiencia que recuerda con desagrado. El tacto húmedo y la ductilidad del material le produjeron rechazo y en los siguientes años se decantó por otros materiales de mayor dureza como el yeso, el hierro, la piedra, el acero y otros que hemos ido conociendo a lo largo de este año.
Sólo años más tarde, en los años 70, durante una estancia en la casa taller de su galerista y amigo Maegth en Saint Paul de Vince (costa azul francesa) se reconcilió con la tierra. Mientras trabajaba en el estudio, le llegó el sonido contundente y rítmico del ceramista alemán Hans Spinner, ocupado con la preparación de bloques de tierra chamota para el artista Joan Miró.
Esa tierra era bien distinta de la arcilla. Su consistencia era mucho más dura ya que en su composición incluía tierra ya cocida y pulverizada. También lo era la manera de trabajarla: lejos de la ductilidad de la arcilla, la tierra chamota requería un trabajo más físico, no se doblegaba con la misma facilidad y requería un diálogo con la materia.
Dependiendo de la técnica de cocción, las obras de este material, adquieren una coloración bien distinta: el horno de leña, cuya combustión es más irregular, en la que interviene el oxigeno, da lugar a tierras rojizas o pardas. A la mayoría de estas obras las denominó “Lurras”, utilizando la palabra vasca para designar la tierra y se relacionan con lo primigenio. Sobre estas lurras realizaba el artista vasco distintas incisiones, longitudinales o más en profundidad, que recuerdan al trabajo realizado en series de piedra como “Harri” (piedra).
Las piezas de color blanquecino son producto del horno eléctrico. Estos bloques de cerámica servían como soporte para realizar un dibujo a base de óxido, que al ser nuevamente horneado, adquiría un color negro. Estas obras, denominadas “Óxidos” están a medio camino entre la escultura y la obra gráfica y en los que la relación materia-espacio se convierte en la relación blanco-negro o viceversa. Empleando esta técnica realizó también murales de gran tamaño, formados por distintos platos. Como ejemplo, tenemos el mural colocado en el exterior del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (ver imagen)